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Cuando la noticia no es noticia


*Por Eliana Valci


En los últimos tiempos pareciera ser que cualquier hecho (por más que no sea de interés público) sea noticia, pero ¿cualquier acontecimiento lo es?, o ¿nos imponen que así sea?


Los monopolios de la comunicación imponen agenda a piacere, lo cual no representa la acción de la comunidad, más bien todo lo contrario. Tapan la realidad con supuestas noticias; es así como vemos en “cadena nacional” un nuevo episodio protagonizado por Chano y se arma todo un debate en torno a la salud mental, tomando como “ejemplo” el caso para visibilizar a quienes no tienen “prensa”.


Y así podríamos citar otros tantos que desvían el foco de lo importante. Nadie habla de que tenemos un 60% más de pobres y que 2 de cada 3 pibes son parte de esta estadística. El problema está ahí, no son una cuenta, no son un número más, son compatriotas que la están pasando mal y son ignorados.


De la misma manera son invisibilizados los trabajadores y trabajadoras que perdieron el empleo durante la gestión Macri y aún no han tenido una respuesta. Ni mencionar a las y los colegas que se encuentran en esta situación y continúan peleando contra los molinos de viento sin ser escuchados siquiera.


Esta maniobra distractiva la describía muy bien el querido y recordado colega Claudio Díaz en uno de los pasajes de su último libro (Diario de Guerra: Clarín, el gran engaño argentino), de la siguiente manera: “El fin supremo de la Mediocracia es controlar el pensamiento. La pregunta es cómo trabaja para alcanzar ese objetivo. Imponiendo “su” información y manejando el lenguaje. Tomando nuestras mentes y ocupándolas con expresiones y terminologías que elabora en su laboratorio dialéctico. Devaluando el peso de las palabras. Aguachentando su contenido. Disminuyendo su fuerza. El dominado debe pensar como quiere el dominador. Y utilizar sus mismas palabras. Entonces hay que acostumbrarlo a que “hable” en el idioma del poder”.


La sociedad se ha convertido en el títere del poder, una maza uniforme de consumidores formateados por el marketing empresarial, político, etc. para adquirir u optar por cosas o personas sin razonar.


Tienen esto tan bien estudiado que incorporamos a nuestro lenguaje palabras que son totalmente ajenas al mismo (como “fake news”, entre tantas otras), pero que pareciera ser un imperativo categórico de la verdad el tener que utilizarlas.


Hoy ya no es solo la “caja boba” la que nos muestra un mundo falaz, sino que está impulsada por los algoritmos de las redes sociales, que nos hacen creer lo que ellos quieren que creamos, o necesitar lo que quieren que necesitemos.


Nuestro libre albedrío está siendo cooptado por los grandes conglomerados mediáticos, sin que tengamos margen para distinguir la realidad de la ficción.



*Directora Ida & Vuelta Medios

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