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El electoralismo mata

*Por Daniel Di Giacinti


Juan Perón explicaba que el demoliberalismo que basaba su forma de participación ciudadana en una puja entre las distintas visiones partidocráticas para resolver los problemas de una comunidad, promovía en forma excesiva la política electoralista, poniendo a la Nación misma al servicio de esa contienda destructiva.


“…Los partidos políticos tradicionales habían, en efecto, constreñido y reducido toda la vida política nacional a un solo -y no el más fundamental- aspecto de ésta: la política electoral. Esta hipertrofia de lo electoral, en detrimento de lo específicamente político, era la característica esencial del régimen anterior al Peronismo.”

“No se trata, pues, de reducir la importancia de la política electoral; la tiene, y grande, desde el momento que todo el régimen democrático descansa sobre el régimen electoral; pero se trata sí de evitar que lo electoral absorba todo lo político, al punto de impedir… la realización de una auténtica y fecunda obra de gobierno.”

“Una reforma política que se proponía extraer de raíz todos los defectos y todas las miserias de la politiquería argentina debía, necesariamente, comenzar por encarar este punto fundamental. ¡Circunscribir lo electoral dentro de sus justos límites!...”


Juan Perón, Política Peronista

El asumir que los problemas de la Nación los debe resolver determinado partido o conjunción de intereses, que la responsabilidad de la cosa pública es exclusividad de políticos profesionales y CEOS aislados de la comunidad, genera un electoralismo confrontativo donde todo se reduce a lograr el poder primero y mantenerlo permanentemente después.

De ahí la frase de Perón denunciando este hecho “de poner la Nación al servicio de la política y no la política al servicio de la Nación”.


Explicaba el Líder que esa forma participativa sumada al liberalismo extremo de no intervención del Estado en los procesos económicos había generado innumerables crisis a occidente, y que todos los países desarrollados la habían suplantado por sistemas más evolucionados.


Estas nuevas formas políticas que surgieron en EEUU de la mano de Franklin Delano Rooselvelt y en todos los países europeos del área occidental luego de la segunda guerra mundial, pusieron en marcha nuevas formas de democracias, forjando acuerdos estratégicos para sus naciones que involucraban a todas sus fuerzas políticas. Es decir que reducían la futura puja política electoral a debatir distintas alternativas, pero sobre un objetivo común que quedaba fuera de discusión.


La antigua democracia liberal que dejaban atrás sin embargo seguiría siendo fomentada por estos países centrales en las naciones en vías de desarrollo, para impedir justamente sus propios acuerdos estratégicos, manteniendo la puja electoral como herramienta de confrontación permanente para debilitar y disociar a esas comunidades para dominarlas económica y políticamente.


Juan Perón lo denunciaría con claridad en su escrito La hora de los Pueblos:

“…Los ingleses, que no son ciegos, enfrentan a la evolución conformando su "democracia liberal" por evolución dirigida, porque ellos no son partidarios de la revolución violenta ni profunda. La solución la han buscado mediante la formación de dos grandes partidos, uno de izquierda y otro de derecha, ambos manejados desde la central masónica; en otras palabras, un solo partido dividido en dos alas, pero manteniendo las formas básicas del demoliberalismo, pero sólo para la exportación. Los norteamericanos dignos hijos de la Gran Bretaña, han ido mucho más allá: han organizado dos partidos de derecha que les permite mantener su sistema plutocrático y sostener teóricamente una simulación democrática para engañar a los tontos que tanto abundan en la política o estimular a los sinvergüenzas, que también abundan.


La vieja Europa, con sus miles de años de cultura y tradición, ha seguido esa evolución y cuando habla de democracia quiere decir una cosa absolutamente distinta de lo que hace medio siglo significaba. Solamente nosotros, con un siglo de atraso, seguimos a la zaga de los simuladores de una virtud que no practican y tenemos multitud de parodias de formaciones políticas en las que todavía creemos; nos levantamos todos los días con el demoliberalismo en la boca y sostenemos la "democracia capitalista y burguesa" como de palpitante actualidad, cuando ha pasado a ser un artículo de museo en todos los países medianamente civilizados.


Juan explicaba que la política fundamental era la política Nacional y no la electoral. La verdadera democracia era la que construía la Nación detrás del acuerdo fundacional de todas sus fuerzas políticas y sociales. Ese acuerdo -que sintetizaría en su Tercer presidencia y que condensaría en su última actualización doctrinaria del Modelo Argentino-, terminaría con la confrontación destructiva del electoralismo a ultranza, poniendo en marcha una filosofía de la acción política basada en el debate creativo y el dialogo. Ese acuerdo transformaría al electoralismo confrontativo en una disputa franca entre alternativas de un objetivo deseado por todos.


En épocas normales el electoralismo es una herramienta de dominación colonial porque impide la construcción de la Unidad Nacional. Sin embargo en épocas de pandemia el electoralismo se transforma en un peligroso mecanismo mortal. Por ejemplo Cambiemos en la actualidad especula con el hartazgo de la población ante el confinamiento sanitario promoviendo (de acuerdo a cálculos y análisis de la evolución pandémica) la bandera de la apertura, mostrando al gobierno nacional con un tinte opresor en contra de las libertades individuales. Un cálculo que le puede salir bien si la curva baja y así ganar algunos puntos en la expectativa electoral. Sin embargo queda flotando la gran duda. ¿Y si falla? Porque si hay algo comprobado en estas épocas de crisis sanitaria es la imprevisibilidad de la evolución pandémica de un virus desconocido. Si falla simplemente morirán personas. Por eso afirmamos que la especulación electoral en medio de una Pandemia, mata.


La actitud del gobierno nacional es la correcta. Más allá de toda especulación prioriza la salud e impone férreamente las opciones seguras, aunque sean incómodas y fastidiosas para algunos sectores de la población.

El colonialismo también mata


Esta acción especulativa siniestra esbozada por Juntos por el Cambio deja al desnudo una forma de construcción política que es en realidad una nueva forma de dominación colonial.


El demoliberalismo electoralista impide el dialogo, la política constructiva, la inclusión de organizaciones sociales en la discusión de los planes de la Nación, aísla al ciudadano, fomenta la indiferencia y la meritocracia transformándose en la expresión del más férreo individualismo materialista. Por eso las fuerzas del Movimiento Nacional siguiendo el ejemplo del Perón de los setenta deben promover la apertura del dialogo entre todas las fuerzas políticas y sociales del país para ponerse de acuerdo en un Modelo de país, transformando a los gobiernos en promotores y coordinadores de las fuerzas comunitarias detrás de ese objetivo deseados por todos.


Más allá de la pandemia las fuerzas del Frente de Todos debe ponerse a la cabeza de una convocatoria para el Gran Acuerdo Patriótico para trazar un objetivo como Nación que permita terminar con la confrontación permanente entre argentinos que abre las puertas a la disociación política.


La democracia momificada que plantea el Macrismo y sus fuerzas corporativas es una nueva forma de dominación colonial que se traduce en fomentar una desarmonía social en nuestra comunidad impidiendo el desarrollo. Sólo la organización de la comunidad en una política de reencuentro, en una verdadera democracia, puede revertir la disociación y reconstruir la confianza de los argentinos entre sí y con sus dirigencias políticas y sociales abriendo los senderos de la liberación.

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