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Hace 40 años la barbarie quiso quemar la libertad de crear


*Por José Luis Ponsico


El 6 de agosto del 81, madrugada, uno de los escuadrones de la muerte, en plena dictadura militar, en un acto cobarde, por la hora y la acción concertada, prendía fuego el teatro del «Picadero», pleno centro porteño, diagonal situada entre Av. Corrientes y Bartolomé Mitre a escasos metros de la Av. Callao. El objetivo: terminar con «Teatro Abierto».


Desde fines de los 80 un grupo de actores -muchos perseguidos por la dictadura, en todo caso los que quedaron- cuando se produjo el éxodo primero por las amenazas de la Triple A. 1974 y el resto que se fue del país en el 76 con la misión teatral de autores de renombre, organizaron «Teatro Abierto»: la cultura que se oponía al régimen militar.


Una de las actividades culturales, forma de resistencia pacífica, sin caer en la lucha armada de los años trágicos, entre los´60 y 70, se basaba en obras teatrales de autores nacionales originados en textos donde se interpelaba desde el escenario las injusticias, momentos donde otros tiempos de gobiernos de facto cuando cerraban Universidades y sindicatos.


Desde Carlos Gorostiza, Eduardo «Tato» Pavlovsky, Roberto Cossa, Ricardo Halac. el prolífico Bernardo Carey, célebres autores de obras recordadas, estrenadas en un tiempo difícil. Donde los riesgos desde la cultura popular obligaba a vivir en peligro. Algo que siempre recuerda Gerardo Romano, uno de los sobrevivientes de aquella etapa.


La Asociación Argentina de Actores creada a fines del 43 por especial gestión del Coronel Juan Perón a cargo de la Sub Secretaría de Trabajo y Previsión Social, gestión cumplida por actores de la época, entre los que tomaron impulso gremial Eduardo Cuitiño y Homero Cárpena, amigos de María Eva Duarte, actriz que hacía su primera experiencia teatral.


Una verdadera trampa del destino: a la muerte del General Perón, 1° de julio del 74, con el recrudecimiento de la lucha armada -una guerrilla que no cesaba y los escuadrones de la muerte desde la tristemente célebre Tiple A- otro gobierno peronista atentaba contra la dirigencia del gremio. Cara y ceca de una misma moneda en tres décadas.


En treinta años, Cuitiño, Carpena, los que siguieron Juan Carlos Thorry, la propia «Evita», con sus amigas Pierina Dealessi, «Fany» Navarro, habían dejado paso a actores jóvenes de los años 60. En la conducción aparecían Luis Brandoni, Rivera López, destacados en el film «La Patagonia rebelde» del 72. Acompañados por José Soriano y Federico Luppi, entre otros.


La mayoría de ellos con un grupo teatral que impactó en la época, desde 1969 a 1974, conocido como «Grupo Stivel», a cargo del director David Stivel, con histórica sociedad con Juan Carlos Gené, autor de varias obras dirigidas por el primero -con ellos Bárbara Mujica, Emilio Alfaro, Marilina Ross, Luppi, Carlos Carella, entre los recordados- también debieron irse.


El éxodo derivó en actores que triunfaron en España, los casos Héctor Alterio, el mendocino Luis Politti y el propio Luppi en los 70 y 80. Alterio radicado en la madre Patria lleva cuatro décadas. Stivel y Gené llegaron a Venezuela. Otros viajaron a México.


Una de las expresiones teatrales más recordadas, la obra «El Acompañamiento» de Gorostiza, magistralmente interpretada por Carlos Carella, también miembro de la Asociación de Actores -secretario Gremial en los 70- estrenada en plena dictadura. Ganadora de la mayoría de los premios de la época.


El nudo basado en la Argentina de los´50, un cantante de tangos, relativo relieve los 40 y 50 que ya maduro, en los´60 quiere volver cuando su voz está debilitada y el rigor del tiempo se transforma en un obstáculo. Otro premiado, Ulises Dumont, amigo fiel, que tiene la misión de disuadirlo en una representación memorable de ambos.


Carella, «Carlitos Bolívar», en ropa de entrecasa, frente a un espejo, intenta reproducir sus temas de mejores tiempos de hombre de tango y tablón en zona de Villa Luro y Liniers, cerca del «Viejo Fortín» de Vélez. De Sansone, Conde, Ferraro, Zubeldía y Mendiburu. El club de sus amores. En la vida real, Carella fana de Argentinos Jrs. «Estoy bien de la gola», decía.


La otra tuvo tanto éxito que debió ser repetida en tiempos de democracia. Ulises Dumont actuaba en dos películas de Adolfo Aristaráin y dejó su lugar a Oscar Rovito. El espejo el mismo. La ropa también. La salida de baño, a cuadros, rayas blancas y negras, ropa «de preso» de la década infame. Carella obstinado. Quería volver. Los socios, evitar el papelón.


El testimonio de Dumont, luego Rovito, «si vuelve será silbado; nuestro ídolo de barrio caerá en la depresión, la angustia».


Temas de Teatro Abierto, De enorme contenido humano. Algo que molestaba a la dictadura. Al cabo, lo prendieron fuego. Un centenar entre autores y actores, lo reconstruyó en tiempo récord.


Asimismo, otros fundadores de «Teatro Abierto», Julio Mauricio, Julio Ordano -ya no estaba Gregorio Nachman, el mentor del «Teatro Abierto Marplatense», secuestrado junio del 76; luego asesinado por la dictadura- repitieron la experiencia con el compromiso del teatro popular. Algo que el régimen nefasto nunca pudo entender.


Pasaron 40 años. Los nombres y las enseñanzas están vigentes.



*Columnista de La Señal Medios, Libre Expresión y Mundo Amateur

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