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Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago


*Por Eliana Valci


El dilema siempre radica en el “ser” y el “deber ser”. El comportamiento público de hombre y mujeres es siempre juzgado o pre-juzgado ante los ojos de la sociedad.


¿Pero sabe la sociedad cuál es la virtud de cada hombre o mujer?... ¿por qué siempre se mira la paja en el ojo ajeno? Lo cierto es que nadie sabe cuál es la bondad del espíritu de cada uno, no porque no quiera, sino porque no hay capacidad de observación ni análisis.


Es por ello, que en una sociedad que dice “auto-percibirse”, pero que se desconoce completamente a sí misma, porque lo único que sabe es de “etiquetas”, siempre es más sencillo señalar al otro.


¡Escandalo!... un Diputado de la Nación fue visto en el zoom de una sesión de la Honorable Cámara teniendo un acto de erotismo con su pareja. ¿Está mal?... sí, en parte. El Diputado debió mantener como todo el resto de los integrantes de la Cámara una conducta decorosa. Ahora bien, ¿por qué lo juzgan?...por la falta de decoro, o porque se acordaron que tenía causas de acoso en su contra… ¡Que hipócritas! ¿no?


Si esto no ocurría, nadie se acordaba que el Diputado fue acusado de acosador, así como tampoco se acordaron que el ex Presidente Mauricio Macri asumió la presidencia con 214 causas, pero sí recordaron que era un “mal parido” cuando le arruinó la economía a la clase media que es la más cercana al acceso al poder, porque el resto “cayeron bajo la línea de pobreza” sin siquiera poder asomar la cabeza para opinar.


Entonces, ¿qué es lo que está bien y lo que está mal?... ¿quién lo dice?...¿La sociedad que piensa por sí misma, cada uno como ser humano individual y racional o la tecnología que no atraviesa el pensamiento y genera reacciones de las que nadie es capaz de darse cuenta?


Perdimos la capacidad de discernir por nosotros mismos. Estamos inmersos en un mundo de “emoción violenta”, donde todo debe ser ¡ya! y siempre tiene que haber un culpable por las dudas, no importa el motivo. Donde otros nos dicen o imponen qué hacer, ya sea por obligación, por moda o consumo, directa o indirectamente, pero lo hacen.


Dentro de la “matrix”, ¿dónde queda el libre-pensamiento y el libre-albedrío?... ¿Hacemos realmente lo que queremos y creemos que es bueno, bello, justo y verdadero?


Quizás si por un instante bajáramos de la calesita del mundo, respiráramos y pensáramos acerca de ello, la realidad sería otra.



*Directora Ida & Vuelta

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