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La falta de cultura como causa de la dependencia

*Por Daniel Di Giacinti


Asombra el inusitado interés demostrado por Juntos por el Cambio por la educación.


Rodríguez Larreta proyectado como el nuevo Sarmiento del siglo XXI está desesperado porque en su interior, está convencido que el peronismo como fenómeno político está sustentado por la falta de cultura de las clases humildes argentinas que manipuladas desde un “populismo” demagógico ha generado los males de la Nación. “La educación es la muerte del populismo” exclamó emocionada Patricia Bullrich en un acto por la presencialidad de las clases trazando el vector ideológico de la cuestión.


En realidad tienen razón en suponer que la situación colonial de la Argentina está provocada por la falta de cultura de su población. Eso es algo que compartimos.


Claro que para empezar habría que definir lo que significa un ciudadano “culto” porque aparentemente Larreta confunde la cultura con la sofisticación intelectual. La verdadera cultura no se sostiene desde una sofisticación intelectual solamente, sino que debe estar acompañada proporcionalmente por una actitud moral y ética. Esa es la verdadera cultura.


Entonces la cosa se complica. Conocemos a muchos sofisticados intelectuales y empresarios que no son solidarios ni con las trabajadoras que cuidan a sus hijos.


Por eso decimos que es posible que un catedrático de mil títulos no sea un hombre culto si utiliza ese saber para ser un egoísta que sólo piensa en su interés personal. Para el peronismo ese hombre no es un hombre culto. Es un salvaje ilustrado.


El peronismo es popular porque tiene la convicción de que en los sectores más humildes de la población impera en estado potencial un basamento moral y ético proveniente de la cultura cristiana que hace que exista más solidaridad en las barriadas de trabajadores que en los countries cerrados.


Lo ideal sería entonces en el sendero del ascenso social el crecimiento de la sofisticación intelectual acompañada por un virtuosismo moral adecuado. Difícil objetivo en estas comunidades trazadas desde un liberalismo momificado que solo potencia en sus instituciones políticas culturales y educativas la meritocracia, el egoísmo y la soberbia.


Concedemos entonces que el problema de la dependencia argentina es producto de la falta de cultura. Pero no como cree Larreta y sus secuaces, de la falta de cultura de los sectores humildes sino de la falta de cultura de los sectores pudientes. De los ricos que han dejado de lado sus preceptos morales y han abandonado su responsabilidad de forjar una verdadera aristocracia argentina para transformarse en una oligarquía al servicio de sus intereses personales y sectoriales.


Basta como ejemplo el gobierno de Mauricio “Reposera” Macri con sus funcionarios formados en los mejores establecimientos educativos privados de la Argentina que durante cuatro años desnudaron ante mundo la pobreza espiritual de esa clase, y en un banquete de oligarcas egoístas salieron del gobierno mucho más ricos de como entraron sumiendo al pueblo en una pobreza extrema.


Al contrario los sectores humildes de la Argentina cuando pudieron encontrar dirigencias capaces de interpretarlos, supieron estar a la altura de sus responsabilidades, acompañando los procesos de recuperación industrial y proveyendo mano de obra calificada. Esto permitió por ejemplo en las décadas de los 40/50 un desarrollo industrial de alto contenido tecnológico. Como decía Perón en una Argentina que no producía ni alfileres, se terminaron construyendo autos, buques, aviones y desarrollo nuclear.


Por eso afirmamos que la causas de la dependencia Argentina no es la falta de cultura de los sectores humildes, sino la falta de cultura de los sectores ricos que se han transformado en una patética oligarquía que hoy de la mano de una profunda crisis humanitaria quedan desnudos en su verdadera estatura moral.


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