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La vuelta de Perón del 17 de noviembre de 1972


*Pablo A. Vázquez

El legado de los gobiernos justicialistas fueron basamento y motor de la lucha por recuperar a Perón, siendo éste vector de la historia social argentina y significante de un proyecto pleno de liberación. Por otro lado estaba la praxis del movimiento obrero organizado y del peronismo todo, que posibilito la toma de conciencia en los años de plomo, posteriores al ‘55, soportando una andanada de acciones impulsadas por el odio y la revancha.


“Hicimos esta revolución para que el hijo del barrendero siga siendo barrendero!” Con esta honestidad brutal un marino de alta graduación le espetó a un par de dirigentes sindicales que esperaban ser interrogados a fines de 1955.


Desestabilización, bombardeos y acciones armadas desencadenaron el golpe de dicho año, terminando con el gobierno constitucional de Perón. De la tibieza de Lonardi a los fuegos de Aramburu y Rojas la intensión fue una: exterminar al peronismo.


Secuestro y profanación del cuerpo de Evita; Decreto 4161 - prohibiendo todo lo referente a Evita y Perón -; encarcelamiento y torturas de dirigentes sindicales y políticos; reapertura del Panela de Ushuaia, fusilamientos a Valle y a los participantes del Movimiento de Recuperación Nacional; Plan CONINTES; intentos de asesinato a Perón es su exilio venezolano; represión a huelgas y actos en plazas; anulación de las elecciones donde triunfó Framini; obstrucción de las listas con candidatos peronistas; impedir la prosecución del vuelo de Perón en 1964 desde Brasil; la Noche de los Bastones Largos; el Cordobazo; El Gran Acuerdo Nacional…


Rumores, caños improvisados, pintadas nocturnas, grupos armados y atentados culturales con libros incendiarios de Hernández Arregui, Rosa, Chávez, Ramos, Scalabrini y Jauretche. La matriz de dependencia sería esmerilada por textos como molotov al centro de las dictaduras y por la organización de estudiantes y trabajadores.


Perón - desde su exilio en Paraguay, Venezuela, Panamá, República Dominicana y España - inició la batalla política desde la comunicación con cientos de cartas, cintas, discos, reportajes y documentales, organizando a sus seguidores e implementar una comunicación alternativa a la superestructura cultural hegemónica.


Hubo, sin embargo, dudas desde las altas esferas del gobierno militar de turno, la denominada Revolución Argentina, sobre las intenciones de Perón. Lanusse, que no ocultaba su vocación política para ser candidato por el GAN era sistemáticamente ignorado por el exilado madrileño. En un duelo verbal con el líder justicialista, lo desafió a volver. El 27 de julio de 1972, en el Colegio Militar, Lanusse lanzó su fanfarronada: “Si Perón necesita fondos para financiar su venida, el presidente de la República se los va a dar. Pero aquí no me corran más a mí, ni voy a admitir que corran más a ningún argentino, diciendo que Perón no viene porque no puede; permitiré que digan porque no quiere, pero en mi fuero íntimo diré porque no le da el cuero para venir”. En su libro Mi testimonio (1977) refirió: “Pero una frase hizo trascender, a través del tiempo, el contenido de ese discurso: una profecía mía, supuestamente errada, según la cual Perón no volvería al país “porque no le daba el cuero”. Esa afirmación por supuesto, fue utilizada agobiadoramente como propaganda por los peronistas de línea revolucionaria, el 17 de noviembre de 1972, cuando Perón apareció en Ezeiza”.

Completó el concepto en Confesiones de un general (1994): “Perón se mantendría a la distancia, pero no se trataba de una distancia geográfica solamente: Perón había decidido ser distante, seguir en el Cielo, como Dios Padre, bendiciendo a todo el mundo. Desde ese discurso en el Colegio Militar, creo que me metí dentro de él. No quería hablar conmigo, pero yo entré en su cabeza y tuvo que comenzar a tenerme en cuenta como interlocutor interno. Su cuestión era conmigo”.


Sin entrar en analizar psicológicamente a Lanusse y sus inseguridades frente a Perón, lo cierto que al General sí le dio el cuero y regresó a su país, derrotando la predicción de Lanusse.


La lucha de 17 años, ante la imagen del exiliado, tuvo sentido. El sentir del pueblo quebró el desamor. En ese momento los desposeídos fueron poderosos.


“El peronismo se ha transformado en una gran esperanza”, como afirmó Cerrutti Guldberg. Esa unidad de concepción para la unidad de acción guió a miles de compañeras y compañeros, quienes posibilitaron que un 17 de noviembre de 1972, superando miedos y represión, se acercaran a Ezeiza para dar apoyo, cobertura y aliento a Perón. Del chárter, con representantes de la política y la cultura, emergió el Líder bajo el paraguas de Rucci y el amparo de su pueblo.




*Lic. En Ciencia Política; Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas


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