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Malas interpretaciones, peores decisiones

*Por Víctor Leopoldo Martinez


Cuando se inició la nueva gestión de gobierno que en teoría vino a torcer el equivocado rumbo por el que venía transitando el país de la mano del nefasto gobierno neoliberal anterior, se prometieron modificaciones “radicales”. Pasado un tiempo, la visión de la realidad nacional con la que se pretenden –por lo que se ve- realizar los “cambios” se lo sigue haciendo con ojos porteños; entonces más que “cambios” suenan a una continuidad histórica de un lamentable modo de entender la política federal. Esto se puede apreciar claramente en el tema educativo.


Nadie con “dedo y medio” de frente puede negar que se inició la gestión nacional del FdT con dos tremendos pesos atados a la cola de una aeronave en estado calamitoso (monstruosa deuda externa y no menos terrorífica deuda interna). Lógicamente esto le impide el normal carreteo para un despegue librado de peligros (parezco Macri, o Michetti o cualquiera de los torpes PRO a la hora usar ridículas metáforas en el caso de ellos para justificar sus perversiones).


Encima en los 2 primeros meses de gestión se intentó ir sacando uno de los peso –el de la injusta deuda interna-, y cuando la trompa comenzó a indicar que parecía posible el decolaje apareció una bandada de perversos “bichos” (llamados COVID 19) que empezaron a meterse en las turbinas y todos entramos en pánico. De vuelta al aeropuerto.


Dejando atrás esta ridícula parábola que si bien es cierto puede resultar interesante a la hora de evaluar la deplorable situación encontrada por el actual gobierno tanto sea en lo que hace al Estado Nacional en general, como en el sistema económico, el productivo, de salud, etc, etc, no por eso pierde su costado grotesco, siento la necesidad de transmitir sensaciones y sentimientos un tanto encontrados; compartir la sensación de que algo –o todo- no se encamina por la senda que las terribles experiencias pasadas y una lógica primaria indicarían como el adecuado.


Soy consciente que “lo ideal, en ocasiones, es enemigo de lo posible”, pero no es menos cierto que tanto sea lo “idealizado” como lo “posible” deben partir de un diagnóstico mínimamente acertado; o al menos que haya contemplado variables claves a ser modificadas para salir con el menor costo social posible de zonas repetidamente traumáticas; zonas con historias tormentosas.


Insisto. El problema central que requiere un abordaje urgente y serio si se desea revertir de manera permanente el paupérrimo estado social no solo debe priorizar el generar trabajo, el brindar buena alimentación y salud a toda la población sin excepción sino que eso debe ser acompañado por una reforma educativa alejada de las formas y centralizada en la revisión de los contenidos que se vuelcan en los establecimientos educativos para así poder generar buenas personas y mejores argentinos; educación que trabaje valores vinculados a la solidaridad social como eje de una futura comunidad organizada.


La clave del deterioro moral que como flagelo atraviesa a los sectores medios de nuestra comunidad nos esta mostrando descarnadamente que como ciudadanos convivimos con la hibridez cultural arraigada y establecida desde hace siglo y medio en la ciudad puerto de Bs.As. y que a través del actual sistema educativo, un poder centralizado lo expande hacia todos los rincones de lo que pretende ser una PATRIA para así atomizarla instalando desvalores como el consumismo, la competencia y la meritocracia.


He señalado de manera reiterada en diversos artículos escritos a lo largo de la última década que el fenómeno “Macri”, desde que fue gobernador de la C.A.B.A., fue simplemente un fenómeno vendido como modelo “exitoso” (como fueron vendidos mediáticamente en su momento la última dictadura militar, el menemato y el gobierno de la Alianza). En realidad lo fueron; aunque sea en términos relativos. Fue el resultado de un modelo educativo-cultural (en ese orden).


El engendro no apareció por casualidad; menos por una aristotélica “generación espontánea”, aunque el estado de putrefacción utilizado en intentos de demostraciones prácticas, aparezca hoy presente en algunos de nuestros estamentos sociales (y no casualmente en los llamados despectivamente “inferiores”) y eso amerite pensar que ciertos insecto -por ejemplo las dos variantes: tilingos y medio pelo- pueden ser productos de mutaciones genéticas nacidas de ese estado.


Es claro que resultan ser productos culturales surgidos de una matriz educativa (fracaso de la educación formal frente a la deformante educación mediático-virtual) y como tales fácilmente identificables.


Ahora bien, pensar que el necesario e imperioso cambio educativo que demanda la supuesta intensión de producir cambios culturales – es de imaginar y esperar que para bien del país y de nuestro pueblo- pasa por modificar el lenguaje cambiando una vocal en las palabras y creer que con eso alcanza para hacer una sociedad más “inclusiva”… Perdón… pero raya con la torpeza más absoluta y lo aproxima al “tum, tum” pronunciado por el ex ministro de educación macrista Esteban Bullrich.


El fenómeno “todes” (hasta me salta como error en el procesador de texto) es un invento urbano, clara y netamente porteño que desvía la atención de lo esencial a lo formal como en infinidad de ocasiones anteriores ocurrió. En nada modifica el “todes” una realidad NACIONAL repleta de deudas y postergaciones para con el interior del país; me refiero a esas distintas formas de exclusiones practicadas desde siempre por el centralismo porteño que ya vienen padeciendo las provincias; exclusiones que se practican a diario y que como material de arrastre se suceden desde hace largo tiempo. Entonces queda claro que la “exclusión” no se limita solo a una cuestión de género circunscripta a un supuesto y “perimido” lenguaje. La inclusión tiene varios ribetes que hasta ahora vienen siendo postergados. Ni la marginación social por degradación de calidad de vida en grandes sectores de nuestra sociedad, ni los reiterados brotes xenofóbicos contra los “cabeza negra” o “sudacas”, ni los machistas femicidios van a desaparecer porque de ahora en más usemos “todes”.

Las conductas y modos vinculares en las relaciones sociales tienen diversos componentes que exceden ampliamente el uso del lenguaje y que fundamentalmente demandan tiempo para que los mismos se vuelvan habituales (hábitos).


La imposición de un lenguaje siempre buscó dominio cultural pero nunca garantizó inclusión alguna. Lo tenemos en ejemplos históricos concretos. Los pueblos originarios de esta américa tienen y siguen usando su lengua ancestral como arma de resistencia. La inclusión “diferenciada” no es inclusión, es segregación.


Todo esto viene a colación por algo que por reiterado no debería pasar desapercibido. A mí entender estos “juegos lingüísticos” no dejan de ser maniobras distractivas puestas en marcha por el perverso sistema imperante que utiliza a un progresismo intelectual un tanto demodé para darle el tinte reformista culturoso que la maniobra requiere.

¿Porque hablar y escribir con la “e” de ahora en más estará bien y será “inclusivo”, y los regionalismos usados por changos y chinitas del interior del país desde siempre vienen siendo considerados como de “mal hablados” y corregidos en la educación formal por “mal escritos” o “indebidos”? ¿Ahora y para que todo esté bien deberán cambiar por “changues” y “chinites”?

Me imagino como reiría el “negro” Roberto Fontanarrosa; básicamente por desconcierto. El “todes” le habría boicoteado la humorada que realizó casualmente en un congreso de “lengua” cuando intentó explicar que no es lo mismo decir “zonzo” que decir “peloTudo”. Lo hubiesen obligado a buscar otro ejemplo en contra de su voluntad que seguramente estaría pegada a una intencionalidad explicativa: “Un peloTudo es un torpe ganso con formato humano que tiene los testículos por los tobillos y se muestra como mostrenco a la hora de decir algo; o de actuar”. “PeloTude” al negro no le “pegaría” ni con cola; menos en una charla de café en “El Cairo” con sus amigos “intelectuales del rioba”, o con los sátrapas de la barra “canalla”.


Mientras en las escuelas primarias y colegios secundarios se dediquen al rutinario ejercicio de hacer repetir hechos históricos como simples efemérides, los educando seguirán egresando de los establecimientos educativos como domesticados ejemplares útiles para servir al perverso sistema vigente.


Mientras en las escuelas primarias y colegios secundarios no se enseñe a pensar, no se practique “lectura y observación crítica” de la realidad que a diario afecta a todos los educandos, formando así seres capacitados y comprometidos con la transformación benefactora que esa realidad puede estar demando en cada momento de su construcción histórica como comunidad; mientras nuestros educandos no conozcan la otra historia, la verdadera historia, esa que demandó sangre, sudor y lágrimas de parte de ilustres y heroicos antepasados desconocidos, que dejaron jirones de vida y hasta la vida misma intentado brindarles a ellos una Patria, difícilmente podrán entender las razones del desgraciado presente, más allá de justificarlo con lo aprendido a través de la “Historia Oficial” que recibieron en la “educación formal”.


Por lo visto el “academicismo” manejado de manera permanente a lo largo de siglo y medio por la derecha culturosa nacional que sigue siendo solventada por el poder económico real, jamás permitirá que el padre de la Historia -Bartolomé Mitre- y sus principios liberales sean alejados de los claustros de estudio. Es más, hasta consiguió que aquellos liberales de izquierda –bien calificados por Norberto Galasso como “mitro-marxistas”- hoy hayan incluido la cuestión lingüística, con el “todes” como estandarte, dentro de sus masturbaciones ideológicas, como siempre, entretenidas pero inconducentes en términos sociales. Hasta tienen la suerte que tanto el nombre como el apellido de su intocable padre de la historia vengan con la “e” incluida (y con eso –por lo visto- alcanza para justificar que toda “inclusión” ya es materia dada).


Lo esencial para un cambio cultural está en revisar los contenidos que se vuelcan en la educación formal.

Cuando mal se interpretan las claves para realizar una transformación social y encima sin respetar un orden de prioridades, peores son las decisiones que se pueden llegar a tomar.

“Que algo cambie para que todo siga igual” es un viejo adagio que hoy por hoy le viene como anillo al dedo al sistema neoliberal.

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