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Paco Urondo: el periodista orgánico

*Por José Cornejo


Sobre aquel 17 de junio de 1976, Rodolfo Walsh escribió: "Fue (a Mendoza) temiendo lo que sucedería. Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución, un tiroteo de los dos coches a la par. Iban Paco, Lucía con la nena y una compañera. Tenían una metra, pero estaba en el baúl. No se pudieron despegar. Finalmente Paco frenó, buscó algo en su ropa y dijo: «Disparen ustedes». Luego agregó: «Me tomé la pastilla y ya me siento mal»".


Paco Urondo había dicho “tomé las armas buscando la palabra justa”. Es una escritura inmersa en su presente, una escritura unida a la militancia, que en su tiempo implicaba hacer uso de las armas y Paco se destacaba particularmente en el arma de la palabra.


La palabra, y sobre todo el periodismo, tiene una relación espejada y opaca a la vez, con la verdad, con lo sucedido, con el hecho devenido noticia. ¿Qué periodismo practicaba y enseñaba Paco?


Paco era un poeta. No creía en la verdad decimonónica, en el hecho positivista del retrato perfecto, la naturaleza muerta donde a una escena se la representa con una descripción exacta. Él no dice “exacta”, dice “justa” con toda la valoración que ella implica.


Pero tampoco era un posmoderno, un relativista. Paco no hubiera comprado los cantos de sirena del posestructuralismo de fines de los 90s y tan en boga en este siglo XXI. La verdad, y sobre todo, la injusticia existen. “Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja”.


Paco no nos llega a los y las periodistas solamente (¡solamente!) su poesía y su epistemología del periodismo. Algo tan necesario en estos tiempos de fake news e infodemia. Paco trae algo aún más importante, el periodismo militante orgánico.


El periodismo militante no es la persecución de cualquier causa política. No es militante aquel propagandista de los intereses de la patronal. Militante es quien sostiene las banderas de su Pueblo, no de aquellos que lo pauperizan. Paco respondería con un bofetón a quien le hablara de un “militante macrista”. Y no es solo la ideología del periodista lo que define su coherencia. También lo es su organicidad.


Francisco Urondo era un militante orgánico. Su palabra y por supuesto su accionar, su vida misma, estaba puesta en función de un proyecto que lo trascendía. Aceptó la conducción política de ese espacio, que obviamente tenía claroscuros, algunos de los cuales Paco no coincidía y otros compartía nítidamente. En su destino final mendocino, Walsh señala que Paco intuía el riesgo al que se exponía. Y aún así decidió acatar el mandato de su conducción. La aceptó, cuando podría haber renunciado a su organización como tantos otros lo empezaban a hacer en ese periodo. Paco es el pináculo del militante periodista, talentoso, inteligente, y sobre todo, orgánico. La conducción podrá errar o acertar, pero no existe victoria del Pueblo sin organización, y la organización requiere jerarquías.


Una carta de Walsh a Paco dice: “Son las masas las que van a sepultar a tus verdugos en el tacho de basura de la historia” y se pregunta: “¿Qué se le puede pedir a un escritor revolucionario? Puede hablar con su pueblo poniendo en ese diálogo lo mejor de su inteligencia y de su arte. Puede narrar sus luchas, cantar sus penas, predecir sus victorias, ya eso es suficiente, ya eso justifica. Pero vos nos enseñaste que no le está prohibido dar un paso más, convertirse él mismo en un hombre del pueblo, compartir su destino, compartir el arma de la crítica con la crítica de las armas".


Y en otro texto a Paco, concluye Walsh: “El problema para un tipo como vos y en un tiempo como este es que cuando más hondo se mira y más callado se escucha, más se empieza a percibir el sufrimiento de la gente, la miseria, la injusticia, la crueldad de los verdugos”.



*Director de la Agencia Paco Urondo



Fuente: APU

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