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Palo Pandolfo: A través de los sueños


*Por Pablo A. Vázquez


Conmocionado aún por la noticia de la muerte súbita de Roberto Andrés “Palo” Pandolfo, el pasado 22 de julio, todavía resuenan imágenes y sensaciones de su música que acompañó mi adolescencia y adultez.


Por calle Diaz Vélez, cerca del porteño Parque Centenario, se desplomó para nunca más abrir sus ojos. La muerte lo miraba de lejos, aunque él la tuvo siempre presente en su lírica, quizás para exorcizarla, ya que tenía mucha vida y vitalidad para detenerse en ella. Aquel que, en “El Visitante”, le cantaba a ese ser: “Que venís a llevarte de mí”, al cual respondió desafiante: “Pronto, pronto, pronto voy a ver tu cara cuando muera. Voy a alcanzarte…”.


Nació el 22 de noviembre de 1964 en Flores, el porteño barrio del Ángel Gris que preanuncia al vibrante conurbano oeste. Allí el espíritu rock y su amor por la lírica de Spinetta, tras un incipiente grupo de secundario Sempiterno, dio génesis a Don Cornelio y La Zona, luego simplemente Don Cornelio, banda que conjugó estética dark, pulso pop y esencia rock a lo Pescado Rabioso.


Su primer disco fue un gran impacto en la escena rock local. En mi colección de revistas de rock argentino rescato la crítica del mismo publicada en Magazine 220 Rock n° 53 (1987): “Seguramente, Don Cornelio se destacará a fines de este año ’87 por ser una de las bandas debutantes en el vinilo que ha logrado, en su disco, plasmar bien una personalidad distinta y muy rica musicalmente… Tiene muchísimo que ver un muchacho llamado Palo. Es el cantante de Don Cornelio, además del compositor de la mayoría de las canciones, verdadero talento, y con una lírica poco común. Y fue un gran hallazgo de Andrés Calamaro (el productor) hacerlo destacar… Ella vendrá es fuerte y pegadiza, y bastante pegadiza por cierto. Pero el funk de poesía trágica – inspirada en Jim Morrison – de El rosario en el muro, Conversación triple, el inspiradísimo experimento de Molestando en la oscuridad, o dulces baladas como Imagen proyectada o Una señal en el agua, no tiene absolutamente nada que envidiarle”.


Su segundo disco Patria o Muerte fue brutal: Espirales, Reventando, Corramos y El Visitante, preanunció en su música y letras el final oscuro de la primavera alfonsinista. Grabado en septiembre de 1988, tuvo su debut de fuego cuando la banda tocó como soporte en la primera visita de Iggy Pop en Obras. Siendo la primera vez que los veía en vivo, sumado a la emoción de encontrarme con la leyenda de la Iguana, lo marco como una de las mejores experiencias que pude disfrutar en mi vida. Algo de ello se puede apreciar con el álbum póstumo en vivo, editado en 1996, fusionado dos recitales del ’88 y ’89.


Si, como dije, el fin lóbrego de Don Cornelio dio marco a la hiperinflación y saqueos, el inicio de Los Visitantes, la nueva banda de Palo, musicalizó el neoliberalismo menemista, dando nuevos pasos musicales, al fusionar ritmos rioplatenses y espíritu festivo. La resistencia al modelo neoliberal vino en la reivindicación de la murga y el candombe maridados con el tango, rock y el pop, casi como un nexo entre La Portuaria y Los Piojos. Salud Universal (1993); Espiritango (1994); En caliente (1995); Maderita (1996); Desequilibrio (1998); y Herido de distancia (1999), fueron los discos frutos de esos año, con hit como Playas oscuras, Estaré y Bi bap um dera, entre otros. Los recuerdo en un recital un sábado a la tarde en el playón de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, junto a los otros músicos que integraron Don Cornelio, donde su compañera e integrante del grupo Karina Cohen nos dio la bienvenida al público presente al grito de “Es un día peronista”.


“Pelea el pueblo demente en religiosa anarquía”, cantó en Que se abra Buenos Aires. Y se abrió de par en par el 19 y 20 del 2001 en el debacle aliancista por el ajuste brutal de Cavallo y De la Rúa, caída del gobierno, muertos en las calles y crisis terminal.


La etapa solista de Palo fue intensa. La crisis del 2001 fue musicalizada con su álbum A través de los sueños. Los aportes folclóricos y del sentir tanguero, entre la influencia del Tata Cedrón y de Peteco Carbajal, marcaron su nuevo rumbo musical. La crisis económica impidió la salida de Intuición (2003), compensado con Antojo (2004) con un manojo de covers de David Bowie “Ceniza a cenizas”; Radiohead, “Karma Policía”; Bob Marley, “Exodus”, Mano Negra “Mala Vida”; y La Máquina de Hacer Pájaros (banda de Charly García) con Hipercandombe, más temas de la época de Don Cornelio. A éste le siguieron Ritual criollo (2008); y ya con su nueva banda La Hermandad, los discos Esto es un abrazo (2013); Madre Computadora (2015); Transformación (2016), y El vuelo del dragón I, II y III (2019).


En sus últimos años gano un premio Konex, protagonizó un documental sobre Transformación, y editó su libro de poemas La estrella primera (2014).


Con menos éxitos comerciales pero con una sumatoria de hitos culturales destacados, Palo se preparaban en este 2021 a retomar shows, “que manijón” escribía días antes en su cuenta de Twitter, con la presentación de Tu amor, tema junto a Santiago Motorizado, líder de El mató a un policía motorizado. Esperándolo para verlo, ya que un recital en Niceto al terminar el 2019 pre pandemia, fue mi último encuentro con su música, que hoy se proyecta eterna, de un artista íntegro, referente cultural, compañero comprometido, y fiel a su instinto de explorar nuevos caminos musicales y poéticos.



*Lic. en Ciencia Política

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