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Peronismo esotérico


*Por Pablo A. Vázquez


“Qué López Rega? El brujo era Perón!”. Esta provocativa frase de Jorge Asís, que soltó semanas atrás ante un siempre azorado Alejandro Fantino, refirió a la supuesta afición, como muchos políticos argentinos a lo largo de nuestra historia, a consultar adivinos y poderes extraterrenos. Los ejemplos de los ex presidentes Bartolomé Mitre, Hipólito Yrigoyen, Agustín P. Justo y Carlos Menem, entre otros, sirven para mostrar el acercamiento y curiosidad desde el poder político sobre lo enigmático. Perón, más allá de amores y odios, demostró poseer un gran conocimiento, ya desde su carrera militar y su rol como docente, que lo llevó a poseer una abultada biblioteca de casi 3.500 volúmenes, la que se encontraba en la Casa Rosada en los años de sus dos primeras presidencias y que, tras el golpe cívico militar de 1955, se pudo recuperar, encontrándose al resguardo del Archivo General de la Nación.


Lo esotérico, en líneas generales, refiere a conocimientos que uno posee, dependiendo el grado de “iniciación” de los mismos, y que se pueden patentizar a través de la quiromancia, cartomancia, astrología, manejo de los signos zodiacales, invocación de espíritus, y demás formas que pueden explicitar conocer temas del pasado, presente y futuro. A ello se suma corrientes desde la alquimia, cabalística, sufismo, hermetismo, rosacrucismo y demás, que organizan un conjunto de expresiones espirituales por fuera, o en paralelo, de las religiones tradicionales.


Habitualmente se vincula al peronismo con la noción de esotérico con el triste accionar del “brujo” José López Rega como ministro de Bienestar Social y factótum de la Triple A en los gobiernos justicialistas entre 1973 a 1975. Unos años antes, en los años ’60, la Logia Anael, comandada por el juez Julio César Urien, intentaba unir con su filosofía de la “Avanzada Nacionalista Argentina en Liberación” el legado del brasileño Vargas con Perón, en ese tiempo en su exilio madrileño. Un poco más atrás se menciona el nexo del peronismo con la Escuela Científica Basilio, no sólo porque muchos adherentes, luego de la pelea con la Iglesia Católica, responsabilizaron a ésta última por la caída del peronismo y se volcaron a otras confesiones, sino porque María Estela “Isabel” Martínez, futura esposa del líder justicialista, fue criada por adherentes al “espiritismo superior”. O los estudios de Astrología Política del dirigente peronista Luis Sobrino Aranda, recientemente fallecido, quien fue discípulo del astrólogo francés André Barbault.


Hasta hay quien vio en la adopción de la militancia peronista del símbolo de la “V”, trasmutando de las pintadas del Cristo Vence al Perón Vuelve, una conexión “esotérica” con la utilización que hizo Winston Churchill de la “V” de la victoria frente al III Reich, inspirado por el maestro del ocultismo, y espía, Aleister Crowley.


Pero ya en sus tempranos años hubo expresiones y textos en el peronismo que escapaban al sesgo católico de la época. Los años ’30 del siglo pasado, crisis económica, desocupación, golpe de Estado y gran migración interna de zonas rurales a centros urbanos mediante, reconfiguró la cultura popular, no sólo en los suburbios sino que impregnó parte de nuestras costumbres y prácticas sociales. Más allá de la disputa entre cultura liberal y cultura católica de esos años, se empezó a divulgar cuestiones sincréticas, donde proliferó el uso de símbolos cristianos con cultos heterodoxos del pueblo y se admitieron otras prácticas como el espiritismo y adivinación, hasta el punto se reflejarse en la literatura local y el cine argentino de la época. Roberto Arlt, Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones, desde las letras, hasta “El Hermano José”, película de 1940, protagonizada por Pepe Arias, dan cuenta de ello. El mito de la nación católica, quizás hegemónico en la superestructura política, tuvo en estas prácticas sincréticas y espiritistas su contraparte popular.


El peronismo, aunque declarado como movimiento nacional “cristiano y humanista” no pudo sustraerse al “espíritu” de su época, y convivió con dichas expresiones, testimoniado esto por publicaciones de los primeros años que adherían a Perón y Evita.


Fuerzas Espirituales del Peronista, de 1949, editado por el Consejo Superior Ejecutivo del Partido Peronista, opera como complemento del Manuel del Peronista y la Doctrina Peronista, ambos del año anterior, que buscaron dar organicidad a la matriz ideológica surgida del accionar de Perón. Con el subtítulo Diccionario Sintético, buscó, a manera de catecismo político, dar respuestas rápidas al nuevo interrogante, que aún se plantea, de que es ser peronista.


Nadie espere un manual para hablar con los difuntos, sino que, si bien arranca con la autopercepción de “humanista y cristiano”, su contenido, es el de menos impronta “católica” de la primera época, siendo más “vitalista” a lo Nietzsche y pendiente al surgimiento del “viril” peronista. Texto anterior a la influencia del ministro Raúl Mendé, pretendido “Alfred Rosenberg” del justicialismo, tuvo pocas reediciones, siendo la última por gracia de Ediciones Fabro, con un prólogo a cargo de un servidor.

Extraigo como muestra tres conceptos para que se considere su contenido:

Conciencia: Sentimiento peronista del bien. Obrar como peronista es obrar a conciencia, lo que significa hacer las cosas con solidez, sin fraude ni engaño alguno. Tener conciencia es obrar con rectitud y honradez; es ser peronista”.

Confianza: Esperanza firme que todo peronista tiene en la causa peronista. Animo, aliento, espíritu y vigor para obrar como peronista”.

Fe: es simplemente confianza. Se tiene fe en sí mismo, en el género humano y en la causa peronista que se defiende. La fe engendra la fe. La fe en la causa peronista es esencial para la victoria”.

Aunque sean conceptos redundantes, y hasta faltos de profundidad, se nota la intención de dotar de premisas a los nuevos adherentes a la “fe” peronista.


El Enigma, de Manuel Bernardes h., de 1951, fue una obra dedicada al conocimiento interior, donde cuestiones simbólicas conviven con una adhesión explicita al peronismo. La imagen de La Esfinge, aquella que Carl Jung conceptuara como codicia simbólica y madre terrible, preside la tapa y toda la temática de la obra, acompañada de bellas y misteriosas imágenes, que tematizan capítulos dedicados a “los eternos principios”, la paz mundial, los derechos de las mujeres y la preocupación por el avance del comunismo. Y la respuesta del ícono egipcio, de gran predicamento para el rito masónico de Hiram, será Evita y Perón, como “fidelidad encarnada”: páginas que explicitan la “democracia vertebrada” que ofrece el justicialismo como respuesta espiritual universal de tolerancia y justicia social, frente a la “democracia invertebrada”, sometida al capitalismo deshumanizado, amenazada por el “imperialismo moscovita”.


Afirmó el autor: “Los que especularon con el esfuerzo humano y la miseria, sosteniendo que el orden social se consigue con la sola fuerza policial pagada con impuestos de los explotadores, pueden dar gracias al cielo que Perón haya cimentado el orden sobre la dignidad de la persona. Si por un lado obligó a los dueños de la economía a cumplir con sus obligaciones frente a la sociedad y al trabajo, desarmó a su vez al obrero de enconos destructores, brindándole, en las organizaciones sindicales, la reivindicación de sus derechos”.


En cuanto a su concepto de la esposa del presidente Perón, Bernardes expresó: “Evita resume en su gracia femenina la agilidad rítmica de las formas y la armonía de las proporciones perfectas, la suave dulzura de gestos triunfales, el mirar inquieto, soñador y optimista, y la plenitud de la feminidad que vuelca toda su alma y sensibilidad en la magnífica esplendidez de sus ojos… Evita bebe en su morada interior, de insondable grandeza, toda la luz que mana de las cumbres morales en sublimes ondas que son el alimento con que nutren y tonifican las heroínas”.


Reconoce, en definitiva, el autor la impronta católica, uniendo el legado de Cristo con el magisterio de Perón: “El nacimiento de Jesucristo es una fecha tan importante en la historia de la humanidad, aún para los incrédulos… Es un hecho histórico que la verdad cristiana conservó su unidad a pesar de su prístina difusión… Otro hecho histórico lo constituye el haberse establecido en la Roma del Imperio la sede jerárquica de la primitiva Iglesia organizada. Todo cuanto se refiere hoy al sentido de sacrificio y a la reivindicación de los humildes y desposeídos, lleva inconfundiblemente el sello divino de la doctrina de Jesús, el amigo de los pobres y consolador de los afligidos. (…)


Perón acepta y reconoce que los designios de Dios en la historia de un pueblo se traducen en el sello de comunidad orgánica… mística hermandad patriótica, encendida en ideales generosos. Tal fue la mística que impregnó en los primeros caballeros medievales el magnífico quijotismo de consagrar la vida y la muerte a la justicia y al honor. Tal es la mística de fraternidad constructiva que el Presidente Perón derramó con amor y reflejos de optimismo franciscano entre los argentinos…”.


Hora Argentina y Temas Analísticos Racionalistas, de Inocencio Barrio, publicado en 1954, es una obra explícitamente espiritista, que reivindica a Evita y Perón, siendo deudora del legado del español Joaquín Trincado, iniciado por “guardianes esenios de la escuela cábala en el Oriente de Jerusalém” (sic), quien fundó la Escuela Magnética – Universal de la Comuna Espiritual, la cual tuvo su sede en nuestro país, funcionando aún la Colonia Jaime en Santiago del Estero. El texto amalgama las enseñanzas de Trincado, la valoración y las prácticas del espiritismo, con la valoración de la obra justicialista, de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados (ATLAS), el legado de José de San Martín , Simón Bolívar y la unión americana, y “estas fuerzas dinámico electro magnéticas como puntos concéntricos y distributivos potenciales, que son Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón”, esta última un “espíritu descarnado… hoy libre del peso de la materia”.


Para Barrio “pueden reconocerse en Juan Perón y Eva Perón, nervio y entraña, espíritu y alma, fuerza y materia, o sea, el complemento de lo espiritual con lo material, que forman la armonía y mutua dependencia para la tangibilidad de la obra en uso y provecho, o sea, aprovechamiento de lo realizado por el equilibrio de la compensación de las fuerzas en mutua colaboración y apoyo mutuo”.


La derrota del “coloniaje” tuvo en la pareja presidencial, según el ensayista, a sus más serios contrincantes, cuando: “por una parte actúa la energía potencial directriz, perón, que por inducción, imanta y sostiene con su fuente generadora, voluntad de acción, a su complementaria, Eva Perón, que a su vez, con los efluvios electromagnéticos que se desprenden de su sensibilidad, por reacción en cadena, reactiva otras voluntades, que por atracción simpática de las vibraciones espirituales, suman una potencia de querer realizar todo lo que sea necesario para implantar una igualdad en el disfrute, que el camino para arribar a la solidaridad, en la cual la convivencia humana habrá arribado al tan deseado paraíso”.


Capítulo aparte, para otra nota, sería la relación del primer peronismo con la masonería local, la cual, justo en esa época se mantenía separada, entre la Gran Logia Argentina del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y el Gran Oriente Federal Argentino (GOFA), los cuales se fusionarían luego de la caída de Perón.


Más allá de la adhesión a estas obras, si fue masivo o no es su época, me parece interesante ponerlas en valor para caracterizar la heterogeneidad del movimiento peronista, que ya convivieron desde su inicio diversos credos y pertenencias, sean de otras ramas del cristianismo, de fe judía, musulmana, sintoísta o agnósticos, más allá del dogma católico, y ver que en distintas etapas de su existencia hubo personas que plantearon otras interpretaciones combinadas con su compromiso político. Aún hoy hay debates, desde quienes quieren santificar a Evita o plantear un credo de desarrollo justicialista comunitario, hasta los que buscan que el peronismo sea más laico y profano.


Son obras para estudiar en su contexto y ver a quien, o quienes, interpelaron, su circulación y significación. Doy fe que al líder del justicialismo seguro que sí, ya que estos libros se encuentran en la propia biblioteca personal de Juan Domingo Perón.


*Politólogo; Secretario del Instituto Juan Manuel de Rosas

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