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¿Unidad sin militancia ni organización popular?


*Por Alberto Nadra


Uno, o algunos, escriben con mayor o menor acierto y contundencia. Muchos, y sin duda valiosos compañeros, firman lo ya escrito y se posicionan en un debate necesario.


Si tuviera que firmar –oportunidad que ni uno ni otro nos dio a miles de estoicos votantes, luchadores y defensores del FdT-, ni hablar de participar y aportar en su elaboración, lo haría por el segundo, pese a que:


Ninguno –ni ahora ni en la “década ganada”- plantea, y menos ejecuta, la necesidad de que ese debate arranque con el acuerdo de un programa común y la institucionalización de una dirección del frente con participación de todos los sectores, no de tres o cuatro que charlaban en el mejor momento, y a hora dialogan mediante cartas y documentos, siempre con la militancia ausente.


Ninguno plantea, y menos ejecuta, la necesidad que ese debate del conjunto de las fuerzas se extienda a todo el país y a todos los sectores, mediante la constitución de núcleos frentistas en cada lugar de trabajo, estudio o vivienda.


Ninguno plantea, y menos ejecuta, un plan de acción que exprese ese acuerdo programático en cada núcleo frentista, que a la estrategia nacional la acompañe con una clara definición de las necesidades en cada lugar y pelee organizadamente por ambas.


Dije y repito que ignorar la relación de fuerzas existente es suicida, pero someterse a ella es fatal.

Sin embargo, para modificarla en favor de las mayorías populares no alcanza con definiciones generales, por más enfáticas y alejadas de la moderación que sean, cuando en realidad todo indica que una y otra posición finalmente pretende saldar las discusiones en pasillos y despachos oficiales.


Se requiere que esas definiciones provengan de una conducción estratégica, es decir la dirección institucional del frente, que debe ser político y no meramente electoral, y solo así deje de convocar a facciones y pueda contener y dirigir al conjunto, con intereses en ocasiones diferentes y hasta contrapuestos.


Se requiere protagonismo ciudadano, que no suplanta pero complementa la pulseada entre el campo popular y el poder real en el debate legislativo o mediático, para la aplicación de medidas que apunten a superar urgentemente los dolorosos momentos que atraviesa nuestro pueblo, como consecuencia de la restauración conservadora, pero también por las vacilaciones o retrocesos propios.


Para ese protagonismo no alcanza con discursos y llamados al “empoderamiento”, o sacar el bastón de mando de la mochila, sino se explica que significa ese empoderamiento; si la dirigencia no lo organiza en concreto, sino acompaña el discurso con la decisión política de arraigar el frente en las bases, de impulsar con ello la construcción de núcleos de poder popular, que contrarresten el inmenso poder de las corporaciones, los medios hegemónicos y las presiones exteriores del imperio.



Fuente: albertonadra.com.ar

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